Día 2

Un comienzo poderoso

21 Días De Ayuno y Oración

Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.

— Hechos 2:1-4 RVR60

A los 50 días del primer día de los Panes sin levadura (culminaba a los siete días con la Pascua) el pueblo judío celebraba “Pentecostés”(quincuagésimo), pero este sería totalmente diferente. Los discípulos de Jesús se encontraban en el Aposento Alto donde habían celebrado la Pascua con Jesús, María la madre y los hermanos de Jesús. Dice en Hechos 1:13-15 que también había otros discípulos más, ya que eran 120 (¿Cómo entrarían en una casa?) Pentecostés era la segunda de tres de las Fiestas Judías anuales (Pascua, Fiesta de las Semanas, Fiesta de los Tabernáculos), también llamada Fiesta de la Semana o de Primicias o de la Siega. En ese tiempo terminaba en Israel el tiempo de la siega de sus cultivos. Los discípulos esperaban la promesa que Jesús les había hecho de la venida de Su Espíritu Santo, pero no sabían cómo sería eso… Y de repente, mientras todos estaban “unánimes”, es decir con un mismo sentir y un mismo corazón, el Espíritu irrumpió como un viento fuerte en toda la casa… Y lenguas “como de fuego” se asentaron sobre cada una de sus cabezas… ¡Sobre 120! Y todos empezaron a hablar de las maravillas de Dios, pero en diferentes idiomas, de modo tal que los que no conocían de Jesús empezaron a escuchar el mensaje en sus  “propias lenguas”. ¿Te imaginas la escena? En Pentecostés los judíos llevaban sus “Primicias” a Dios, los primeros frutos de sus cosechas, pero en esta ocasión es ¡Dios mismo quién presenta “Su” primicia: Su Espíritu Santo! Wow y de ¡qué manera! Cumple su promesa: Los capacita para predicar las buenas noticias de salvación de Jesús aun en idiomas que ellos no conocían. Esto prueba que el mensaje era para toda lengua y nación. No era sólo para los judíos. ¿Para qué lo haría sino?

Necesitamos ser llenos del Espíritu Santo para entonces ser testigos poderosos de Jesús. El resultado de aquel Pentecostés fue un gran crecimiento de la iglesia porque todos se animaron a hablar de Jesús aun en medio de una gran oposición. ¿Será que Dios quiere y puede hacer lo mismo otra vez? Definitivamente ¡¡SI!! ¡Claro que quiere capacitar a toda Su Iglesia (se llame como se llame) para predicar las Buenas Noticias de Salvación! Hay una condición para que ello suceda: estar unánimes, es decir unidos en amor con un mismo sentir, esperando la llegada de Su Promesa: Espíritu Santo que nos investirá de poder.

Para Pensar

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Oración 

¡Danos Señor un nuevo Pentecostés! Bautízanos en Tu Espíritu Santo para poder ser testigos de Jesús y para transformar nuestras vidas, nuestros hogares, nuestras ciudades y el mundo entero con Tu Mensaje Poderoso de Salvación! En el Nombre Poderoso de Jesús, ¡Amén!